Como maestro de ajedrez, he descubierto que cada partida es una oportunidad para enseñar mucho más que movimientos y estrategias. En Monarca, el ajedrez se convierte en una herramienta pedagógica que ayuda a nuestros niños a desarrollar habilidades como la concentración, la memoria, el razonamiento lógico y la toma de decisiones. En nuestra reciente sesión con padres de familia, tuvimos la oportunidad de compartir esta experiencia juntos y fue muy gratificante ver cómo disfrutaron cada reto, cada jugada y cada momento de aprendizaje. A través de preguntas, desafíos y actividades prácticas, niños y adultos pudieron reflexionar sobre la importancia de pensar antes de actuar y analizar distintas alternativas para tomar mejores decisiones.
Lo que más valoro de este programa es que coloca al niño en el centro de su propio aprendizaje. A través del juego, los alumnos fortalecen competencias académicas y, al mismo tiempo, desarrollan habilidades socioemocionales como la paciencia, la perseverancia, el respeto y la tolerancia a la frustración. La sesión compartida con papás nos permitió constatar que el ajedrez también fortalece los vínculos entre padres e hijos, generando espacios de convivencia significativa y aprendizaje mutuo. El tablero se transforma así en un espacio seguro para aprender de los errores, celebrar los logros y descubrir que pensar estratégicamente es una habilidad que puede acompañarnos dentro y fuera de la escuela.
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